SAN SEBASTIAN


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REFLEXION

08 DE ABRIL DE 2014

Compartimos la Palabra

“Hemos pecado”
El pueblo de Israel desconfía una vez más de Dios cuando las circunstancias le son desfavorables y se siente desfallecer. Entonces evoca su pasado de esclavitud y muerte como una falsa liberación. Esa es la figura de las serpientes que recuerda a Egipto, pero que les provocan en realidad la muerte y la conciencia de pecado. La desobediencia a Dios lleva a la muerte porque la verdadera Salvación sólo está en Dios, que se simboliza en este caso por la serpiente de bronce que San Juan aporta como una imagen profética de Jesús Crucificado. Los que miran con fe y vuelven sus ojos confiadamente a la señal que ha querido alzar Dios en medio de su pueblo, se salvan.

“Ellos no comprendieron”
No resulta fácil comprender a Jesús cuando tratamos de identificarlo según criterios meramente humanos. Para los judíos Dios era como un concepto “dejà vu”. Alguien o, más bien, “algo” que creían conocer y que en todo caso pensaban que tenían controlado. Por eso Jesús les desconcierta. No pueden concebir su filiación divina.
¿Quién es Jesús? Su discurso nos traslada de alguna manera a la pregunta sobre Dios que se plantea Moisés en el Sinaí. “Yo soy El que soy”. Jesús es la auténtica y definitiva Palabra de Dios que se manifiesta a los hombres y los Salva. Sólo Él es capaz de liberar al hombre de sus esclavitudes, de esos pecados que son, sobre todo, prejuicios que impiden reconocer al Dios verdadero.
Para conocer realmente a Jesús, para reconocerle como Hijo de Dios es necesaria la Fe. Sólo la Fe nos hace ver con los ojos de Dios y aspirar a lo Alto. Es el Misterio de la Cruz, que el evangelista evoca como reconocimiento definitivo, aunque desconcertante de su identidad como Hijo de Dios. Elevar la mirada y el corazón a la Cruz es la actitud que salva, la Comunión eterna entre el hombre y Dios.
En Jesús, Dios se hace presente en la “evidencia” de la fe. Por eso se nos dice que muchos creyeron en Él, superando la incomprensión de sus líderes religiosos, cerrados a la novedad del Dios de la Verdad y el Amor.


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